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Palideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la
historia con emoción:
—Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la
Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la
velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritista.
Las callejuelas que tenía que atravesar estaban
negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en
Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo;
los pensamientos confusos; tenía el corazón oprimido…
Una noche de espanto - Antón Chéjov
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